Realiza pruebas en el aire como si se tratara de un helicóptero de un aficionado al aeromodelismo. Pasa por el centro de un círculo de goma, realiza varios giros. Pero no se mueve con un mando de control remoto. Tampoco es uno de los famosos ‘drone’, o aviones no tripulados, popularizados por su utilización en la lucha contra el terrorismo. La persona que lo maneja, además, no mueve ni un músculo. Sin embargo, su cerebro bulle de actividad neuronal para hacerlo mover.

Se trata de un helicóptero movido por el pensamiento. O más exactamente, un cuadricóptero, un tipo de helicóptero con cuatro rotores. La Universidad de Minnesota ha conseguido que se mueva mediante impulsos cerebrales, con una exactitud remarcable y durante un largo periodo de tiempo.

“Por primera vez los humanos somos capaces de controlar el vuelo de robots voladores utilizando únicamente nuestros pensamientos” afirma el profesor Bin He, de la facultad de Ciencia e Ingeniería de la Universidad de Minnesota y responsable del proyecto. “Y con una técnica no invasiva“, añade. Esto es, que no ha requerido de ninguna intrusión en el cuerpo humano que las técnicas invasivas requieren, normalmente con intervenciones quirúrgicas que le permitan acceder al córtex cerebral.

Un vuelo de 4 minutos

Cinco sujetos fueron puestos a prueba. Se les pidió, una vez colocado en su cabeza un gorro equipado con 64 electrodos, que se imaginaran a sí mismos utilizar su mano derecha, su mano izquierda y ambas a la vez. Esos pensamientos eran grabados por el gorro y enviados al helicóptero vía Wifi, al que observaban en una pantalla frente a ellos. El helicóptero ascendía, descendía y realizaba giros según la voluntad del sujeto.

Después de varias pruebas para familiarizarse con los controles, estos ‘conductores’ neuronales ya eran capaces de volar con soltura y de incluso esquivar objetos o atravesar aros. Uno de ellos consiguió realizar un vuelo ininterrumpido de hasta 4 minutos, antes de tocar una de las paredes de los objetos que debía esquivar.

Los investigadores midieron la eficacia de los vuelos al traspasar estos obstáculos y la compararon con un vuelo realizado mediante control remoto. Los vuelos realizados de este último modo pudieron atravesar hasta 12 aros en 4 minutos. En cambio, los vuelos movidos por el cerebro únicamente 3. Los resultados pueden parecer poco satisfactorios, pero el mero hecho de que hayan superado el 25.8% de los aros superados por el sistema de control remoto es un gran logro para los científicos.

Los desarrolladores de este proyecto afirman que sus aplicaciones van más allá del desarrollo de robots de telepresencia. Pueden ser muy útiles para desarrollar futuros robts capaces de restaurar la autonomía de personas con parálisis (bien por un ictus o por cualquier accidente), y ayudar a mejorar la vida de personas con desórdenes neurodegenerativos. “Nuestro próximo objetivo es el de controlar brazos robóticos mediante señales cerebrales no invasivas“, comenta el profesor He. “Este experimento puede tener un impacto dramático en la calidad de vida de las personas“, concluye.

Los investigadores midieron la eficacia de los vuelos al traspasar estos obstáculos y la compararon con un vuelo realizado mediante control remoto. Los vuelos realizados de este último modo pudieron atravesar hasta 12 aros en 4 minutos. En cambio, los vuelos movidos por el cerebro únicamente 3. Los resultados pueden parecer poco satisfactorios, pero el mero hecho de que hayan superado el 25.8% de los aros superados por el sistema de control remoto es un gran logro para los científicos.

Los desarrolladores de este proyecto afirman que sus aplicaciones van más allá del desarrollo de robots de telepresencia. Pueden ser muy útiles para desarrollar futuros robts capaces de restaurar la autonomía de personas con parálisis (bien por un ictus o por cualquier accidente), y ayudar a mejorar la vida de personas con desórdenes neurodegenerativos. “Nuestro próximo objetivo es el de controlar brazos robóticos mediante señales cerebrales no invasivas“, comenta el profesor He. “Este experimento puede tener un impacto dramático en la calidad de vida de las personas“, concluye.

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